
Puedes hacerlo con esquejes, semillas o mediante la división
La lavanda es una de las plantas de jardín más populares, y con razón: huele de maravilla, es fácil de cuidar y tiene múltiples usos. Por eso resulta tan gratificante poder propagar tú mismo la lavanda de forma sencilla y hacer crecer así tu jardín o balcón. Te mostramos paso a paso cómo propagar la lavanda, ya sea mediante esquejes, semillas o por división de matas.

Multiplicar la lavanda es más fácil de lo que piensas, pero debes tener en cuenta algunas cosas básicas:
A continuación, encontrarás más información sobre los diferentes métodos de multiplicación, los errores más comunes y los cuidados adecuados para las plantas jóvenes.

Comprar lavanda es fácil, pero propagarla uno mismo tiene varias ventajas. Por un lado, ahorras dinero, ya que de una sola planta madre puedes obtener docenas de plantas nuevas sin mucho esfuerzo. Por otro lado, al cultivar tu propia lavanda, garantizas la conservación de tu variedad favorita: así podrás propagar una planta especialmente aromática o resistente sin ningún esfuerzo especial.
Además, la lavanda se rejuvenece con una poda regular. Los arbustos de lavanda más viejos se vuelven leñosos con el tiempo y florecen con menos intensidad. Es algo que puedes contrarrestar con una poda adecuada. Las plantas leñosas pueden utilizarse como plantas madre para obtener plantas jóvenes, frescas y con buena floración.
En el cultivo de la lavanda existen, básicamente, tres métodos probados para propagarla: mediante esquejes, semillas o división. Cada método tiene sus propias ventajas e inconvenientes; decidir cuál de ellos es el más adecuado para ti depende de tu tiempo, tus objetivos y el material del que dispongas.
| Método | Momento | Esfuerzo | ¿Variedad pura? |
|---|---|---|---|
Esquejes | Junio-agosto | Escaso | Sí |
Semillas | Febrero-marzo | Medio | No siempre |
División | Primavera o principios de otoño | Escaso | Sí |
1
Utiliza un cuchillo limpio y afilado para cortar un brote sin flor de entre ocho y doce centímetros de largo de una planta madre sana. Asegúrate de que el brote no sea ni demasiado joven (blando) ni demasiado viejo (completamente leñoso): lo ideal es un término medio. Las puntas de los brotes más vigorosos son las más adecuadas.
2
Retira las hojas inferiores, de modo que los últimos tres o cuatro centímetros del esqueje queden sin hojas. Deja tres o cuatro pares de hojas en la parte superior.
3
Coloca el esqueje en una maceta pequeña o en una bandeja de semilleros con un sustrato ligero y bien drenante, como el substrato COMPO BIO Semilleros y Plantas aromáticas. Las hojas deben quedar por encima de la superficie del substrato.
4
Coloca la maceta en un lugar luminoso y cálido de la casa o en el balcón, evitando que reciba el sol directo del mediodía. Lo ideal es una temperatura de entre 18 y 22 grados. Cubre la maceta con un plástico o utiliza un miniinvernadero para aumentar la humedad del aire y favorecer el enraizamiento. No te olvides de ventilar regularmente para evitar que se forme moho. Un poco de calor en la base favorece la formación de raíces.
5
Humedece la tierra de manera uniforme, evitando empaparla. El encharcamiento es el el punto débil del proceso de el enraizado es el encharcamiento. Riega siempre con mucho cuidado: un chorro de agua demasiado fuerte puede dañar o arrancar las raíces, que aún son delicadas y recién formadas.
6
Al cabo de entre cuatro y seis semanas, empezará a formarse las primeras raíces. Puedes comprobarlo de manera sencilla: tira ligeramente del esqueje; si ofrece resistencia, es que ha echado raíces.
Planta siempre varios esquejes a la vez, ya que no todos echarán raíces con éxito.

Si prefieres tomártelo con más calma, también puedes conseguir plantas de lavanda a partir de semillas. Este método requiere más paciencia y algunos cuidados extra.
El momento adecuado: empieza a sembrar a partir de febrero o marzo en el alféizar de la ventana o en un invernadero; las semillas necesitan calor para germinar. Si tienes la calefacción encendida en esta época del año, aprovéchala. Coloca tus semilleros cerca de un alféizar situado sobre un radiador: las semillas que reciben calor desde abajo germinan más rápido.
1
Llena un recipiente de semillero con tierra substrato especial para semilleros y humedécelo ligeramente.
2
Esparce las semillas de lavanda de manera uniforme por la superficie y cúbrelas con una capa muy fina de tierra. La lavanda necesita luz para germinar, por lo que apenas hay que cubrir las semillas.
3
Cubre el recipiente con film transparente o con tapa del semillero y colócalo en un lugar cálido (entre 18 y 22 grados) y luminoso. Debes ventilarlo con regularidad para evitar que se forme moho.
4
Mantén el substrato húmedo de manera uniforme, pero nunca encharcado.
5
Al cabo de entre dos y cuatro semanas aparecerán las primeras hojas cotiledónias. En cuanto las plántulas hayan desarrollado entre tres y cuatro pares de hojas, podrás trasplantarlas.
La lavanda que se reproduce a partir de semillas no siempre se corresponde al 100 % con la planta madre; especialmente en el caso de determinadas variedades de lavanda e híbridos, las plantas descendientes pueden presentar variaciones en el color de las flores o en el aroma, una variación de origen genético que solo podría evitarse con un esfuerzo considerable. Para estar seguro de obtener lavanda de variedad pura, es mejor recurrir a la multiplicación por esquejes.

Una tercera forma de propagación consiste en dividir una planta ya existente o en hacer acodos. Estos métodos son especialmente adecuados para variedades de lavanda compactas y tupidas, y deben realizarse en primavera o a principios de otoño. También puedes realizarlos al final del verano, siempre que la planta ya no esté en plena floración.
1
Saca con cuidado el arbusto de lavanda del parterre o de la maceta.
2
Divide el cepellón con una pala afilada o córtalo con un cuchillo o unas tijeras de podar en dos o más partes; cada una de ellas debe tener suficiente masa radicular y brotes.
3
Planta enseguida la division en su nueva ubicación, ya sea en una maceta o en el jardín —lo mejor es hacerlo en un surco preparado o en un hoyo excavado en el parterre— y riégalas bien. Cuida la profundidad de plantación: las plantas de lavanda no deben trasplantarse a demasiada profundidad. Los ejemplares más adecuados para la división son los ejemplares más jóvenes, que aún no sean demasiado leñosos. Puedes propagar fácilmente el espliego o lavanda común (Lavandula angustifolia) —el clásico resistente que se puede propagar con mayor facilidad—, así como cantueso (Lavandula stoechas) y la lavanda dentada (Lavandula dentata). En cambio, los híbridos de lavandín de gran tamaño (Lavandula x intermedia), como la popular variedad «Grosso», son menos adecuados: se vuelven muy leñosos rápidamente y resulta casi imposible dividirlos limpiamente. En estos casos, los esquejes o los acodos son la mejor opción.
1
Para realizar un acodo, dobla una rama larga y flexible del arbusto hacia el suelo.
2
Cubre la parte central con tierra y sujeta la rama con una piedra o un alambre para que no se mueva.
3
Mantén la tierra de esta zona uniformemente húmeda, sobre todo cuando no llueve; sin la humedad suficiente, no se formarán raíces.
4
Al cabo de unas semanas, cuando se hayan formado nuevas raíces, separa la lavanda joven de la planta madre.

Incluso los jardineros más experimentados se equivocan de vez en cuando. Estos son los errores más comunes a la hora de propagar la lavanda:

La lavanda es una planta mediterránea y le encanta el clima de su tierra natal: cálido, soleado y con un suelo bien drenado. Los suelos pesados y encharcadizos no le convienen: en ellos crece mal y es propensa a la pudrición de las raíces. Por eso, al trasplantar esquejes enraizados o plántulas, necesitas un substrato suelto y aireado, que drene bien y que, al mismo tiempo, aporte a la planta joven los nutrientes que necesita ahora que empieza a crecer. El substrato COMPO BIO Huerto y frutales reúne estas condiciones porque su mezcla de ingredientes naturales nutre la planta durante las primeras semanas, y en el jardín puede mezclarse con la tierra del parterre. En zonas con alta pluviometría o si vas a cultivar tu arbusto de lavanda en una maceta o en el balcón, asegúrate de que tu substrato favorece el drenaje. Utiliza una capa de granulado de piedra pómez en el fondo de la maceta como COMPO BIO Granuplant®, que mejora el drenaje, evita los encharcamientos y protege las raíces.

En cuanto tus esquejes o plántulas de lavanda hayan enraizado bien, comienza la fase de crecimiento. Ahora necesitan un aporte específico de nutrientes para convertirse en un arbusto de lavanda robusto, desarrollar muchas flores y desprender su maravilloso aroma.
Aunque hemos recalcado que la lavanda es poco exigente en nutrientes, no hay que olvidar que igualmente necesitará un abonado regular y adecuado. Es importante elegir un abono especialmente formulado para plantas mediterráneas, como por ejemplo el abono de liberación lenta COMPO Abono Cítricos. Una vez aplicado, su efecto se mantiene durante toda la temporada. En general, a la lavanda le favorece un abono con poco nitrógeno y buena presencia de potasio, que estimula la floración y el aroma. Si además de la lavanda cultivas otras hierbas aromáticas o también vas a utilizarla para preparar infusiones, saquitos aromáticos o en la cocina, puedes optar por un abono para hierbas aromáticas como alternativa.
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