Características

Cuidados
Periodo de floración
Características
Plantar adecuadamente
Cultivo de la lavanda
La Lavandula angustifolia —conocida comúnmente como espliego y lavanda, entre otros muchos nombres— agrupa diversas variedades que se comercializan para imprimir un aire mediterráneo a nuestros jardines. Crece igual de bien en el jardín que en terrazas y balcones. Es una planta melífera que atrae a abejas, mariposas y otros insectos. El periodo de floración de la lavanda depende del clima, de la variedad y del tipo de suelo.
Es originaria de la cuenca mediterránea, también de la península ibérica, y se adapta a casi todo el territorio español siempre que disponga de un lugar cálido y soleado. En las zonas de clima suave pasa el invierno sin ningún problema; en cambio, en las zonas de interior y de montaña (con heladas fuertes y persistentes) necesita protección. La lavanda prefiere los suelos permeables, calcáreos e incluso pobres.
La lavanda se puede sembrar en semilleros a cubierto o directamente en el suelo del jardín. Para la siembra, lo ideal es un substrato para plantas aromáticas, ya que contiene pocos nutrientes y su contenido de arena ofrece buenas condiciones de cultivo.
Siembra en semillero
La siembra de la lavanda en semilleros puede comenzarse a partir de febrero. Cubre la bandeja de semillero con un velo de cultivo y colócala en un invernadero o en un lugar protegido y luminoso. En cuanto germinen (como máximo, a las cuatro semanas), retira el velo porque las plántulas necesitan luz. Cuando haya pasado el riesgo de heladas, trasplanta las plántulas al jardín.
Siembra directa en el suelo del jardín
La lavanda se puede sembrar a partir de marzo en las zonas de clima suave, y de abril o mayo en el interior y la montaña, una vez descartado el riesgo de heladas. Es posible que florezca ya el primer verano, aunque lo habitual es que la floración sea abundante a partir del segundo año. La separación entre las plantas debe ser de 40 a 60 cm, según la variedad, para que tengan espacio suficiente para desarrollarse y el suelo se seque bien después de las lluvias. Cubre las semillas con una capa fina de tierra. En condiciones óptimas, germinan en una o dos semanas, aunque a veces tardan hasta un mes. Mantén la tierra siempre húmeda con riegos regulares. Arranca las malas hierbas con regularidad para que no ahoguen las plántulas.
Plantación en maceta o jardinera
Para cultivar la lavanda en una maceta o jardinera, lo primero es asegurarte de que tiene un buen drenaje. Coloca un trozo de cerámica (por ejemplo, un trozo de una maceta rota) en el fondo del recipiente, sobre el orificio de drenaje, y añade encima una capa de COMPO BIO Granuplant. También puedes mezclar el substrato con arena o perlita para mejorar su aireación y drenaje. Riega bien la lavanda al plantarla y mantén el substrato húmedo hasta que arraigue.
Las flores de la lavanda repelen algunos insectos, como los mosquitos. Para mantenerlos alejados, coloca ramitas de lavanda en flor en un vaso o un jarrón sin agua.
Cuidar adecuadamente
Cuidados de la lavanda
Después de la siembra o la plantación, mantén el substrato siempre húmedo. Reduce el riego cuando la planta haya enraizado y empiece a crecer. Evita el encharcamiento. El exceso de agua hace que la planta se marchite y enmohezca en verano, y que las raíces se hielen en invierno. Una vez establecida en el jardín, solo necesita algún riego ocasional durante los periodos más secos del verano; en maceta, riégala cuando el substrato se seque.
La lavanda es poco exigente, así que no hace falta aportarle fertilizantes ni compost con frecuencia. Fertilízala solo si la floración disminuye. El exceso de fertilizante da lugar a tallos blandos y débiles. Evita el uso de acolchados orgánicos (como la corteza de pino o las hojas): retienen demasiada humedad, provocando el desarrollo de moho y podredumbre de las raíces. Si quieres acolchar, es mejor utilizar grava.
Es importante podar la lavanda con regularidad para rejuvenecerla, fomentar su floración y mantenerla vigorosa. Poda la lavanda dos veces al año. Te recomendamos el método «un tercio-dos tercios». La primera poda, la más intensa, se realiza en primavera, cuando ya no haya riesgo de heladas y antes de la aparición de los primeros tallos florales (en zonas de clima mediterráneo, esto ocurre a finales de invierno). Recorta como máximo dos tercios de la planta y corta siempre por encima de la madera vieja, dejando unos centímetros de los brotes verdes del año anterior: la lavanda rebrota mal de la madera sin hojas. Así, la planta se ramifica a partir de los puntos de corte y forma un follaje más compacto. La segunda poda se hace en verano, tras la floración de la lavanda. Recorta aproximadamente un tercio de la planta, sin tocar la madera vieja del tallo principal ni los brotes nuevos: así favorecerás una segunda floración.
El espliego (Lavandula angustifolia) resiste hasta los -15 ºC, de modo que en la mayor parte de España pasa el invierno al aire libre sin problemas. Solo en las zonas de interior y de montaña, con heladas fuertes y prolongadas, necesitará una protección adicional: cúbrela con una manta térmica durante las olas de frío. Otras especies, como el cantueso (Lavandula stoechas) o la lavanda dentada (Lavandula dentata), toleran peor el frío.
La lavanda en maceta puede pasar el invierno al aire libre. En invierno, no obstante, asegúrate de que las plantas de lavanda estén resguardadas de la lluvia, por ejemplo, junto a una pared de la casa. Si se prevén heladas largas e intensas, llévala a un lugar fresco y luminoso, a una temperatura de entre 10 y 15 ºC.
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