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Viña |
| Características |
La viña no es exigente en el tipo de suelo, aunque los prefiere profundos y bien drenados. Es un cultivo moderadamente sensible a la salinidad del suelo y de las aguas de riego, así una salinidad de 4,5 mmhos/cm produce una reducción del 50% de la producción. Ante todo en viña susceptible a padecer periodos de sequía es especialmente importante aplicar abonos poco salinizantes ya que la salinidad del suelo dificulta la absorción de agua por las raíces, aumentando los daños por sequía. Por lo tanto el abono aplicado debe tener un índice de salinidad lo más bajo posible y debe ser pobre en cloro, a fin de evitar reducciones de producción. Una ventaja adicional derivada de sustituir el cloruro de potasio por sulfato de potasio es que se aporta un elemento nutritivo frecuentemente olvidado pero fundamental en la nutrición vegetal: el azufre. Además se produce un efecto acidificante del pH del suelo que facilita la absorción de los microelementos. La absorción del nitrógeno pasa por tres estadios: absorción rápida durante el periodo de brotación y floración, absorción lenta pero constante durante floración-envero y absorción muy lenta desde el envero hasta la caída de las hojas. La vid absorbe el nitrógeno tanto en forma nítrica como amoniacal, siendo el ion amonio el principal responsable del crecimiento de los sarmientos y de las raíces mientras que el nitrato estimula el crecimiento de los racimos. Es muy importante aplicar el nitrógeno en una proporción equilibrada respecto al potasio, una relación nitrógeno/potasio adecuada, con una proporción de potasio suficiente, estimula la maduración, el color de la uva (ante todo en variedades tintas) y aumenta el grado alcohólico del vino, el resultado son vinos aromáticos y perfumados. El potasio es el macroelemento más abundante en la composición del tejido de la vid. La aportación de potasio es un factor determinante de la calidad del mosto, aumenta el azúcar (es decir el grado alcohólico) y favorece la producción. El potasio, al aumentar el grosor de la cutícula, aumenta la resistencia a las enfermedades y la resistencia al transporte, además de alargar el tiempo de conservación. Además el potasio interviene en el mecanismo de osmorregulación, mejorando la resistencia a condiciones climáticas adversas (resistencia al frío, a la sequía etc.). El fósforo favorece el buen agostamiento de la madera, favorece el cuajado de la flor y mejora las resistencias a las enfermedades criptogámicas. Las mayores exigencias de fósforo se producen en el periodo comprendido entre brotación y floración. El magnesio, componente principal de la molécula de clorofila, interviene directamente en el desarrollo de la viña ya que la clorofila es la responsable de realizar la transformación de los nutrientes absorbidos en materia vegetal. Es importante asegurar un nivel adecuado de este elemento aportando el magnesio conjuntamente con los otros macronutrientes en un abono complejo de fórmula equilibrada. En casos de carencias ya visibles o variedades especialmente sensibles a la carencia de magnesio (Cabernet Sauvignon, Merlot, Cariñena, etc,) es necesario realizar un aporte adicional de magnesio. Otros elementos de gran importancia para el desarrollo de la vid son el hierro y el boro, siendo muy típica la aparición de estados carenciales de estos dos elementos ante todo en vid cultivada sobre suelos de pH elevado. Un aspecto muy importante es la solubilidad del grano de abono que asegura la disponibilidad de nutrientes en el momento de la aplicación, lo que le permite aplicar el abono poco antes de que empiece a mover la viña. |
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